“La norma de calidad ISO. ¿Organizar la calidad y la excelencia, o empresarizar la sociedad?”, por Antonio Fernández Montoya

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Antonio Fernández Montoya es médico especialista en Hematología y Hemoterapia. Dirige desde 1987 el Centro Regional de Transfusión
Sanguínea de Granada-Almería, que fue el primer centro de este género en nuestro país. Es profesor del Departamento de Histología de la Facultad de Medicina de Granada y autor de numerosas publicaciones de su especialidad, entre ellas un libro sobre la transfusión. Su
formación se inició en Granada y se completó en Francia, Holanda y el Reino Unido. Ha sido asesor de varios organismos internacionales para la mejora de los bancos de sangre en países en desarrollo como Angola, Bosnia y Santo Domingo, y de otros como Costa Rica, Chile y Argentina, y ha colaborado también en este campo con ONGs como la Fundación Vicente Ferrer en la India. Es también autor de un libro de poemas, “La casa sumergida” (Ed. El Genio Maligno, Granada, 2010).

Antonio Fernández Montoya

“Las normas de calidad nacieron en el ámbito industrial para homogeneizar la calidad final de los productos y, más allá, para aumentar los beneficios económicos de las empresas que las aplican. Sin embargo, extrapoladas a instituciones sin ánimo de lucro como es el caso del Centro Regional de Transfusión Sanguínea de Granada (CRTS) o de otros semejantes en los que se elaboran componentes materiales tangibles, pueden resultar enormemente útiles tanto para los productos en sí como para la propia organización.

Dada la importancia terapéutica de los componentes sanguíneos que el CRTS de Granada elabora, es imprescindible que cuente con estrictas normas de calidad que se apliquen a todas sus actividades, entre ellas la ISO 9001-2008, ISO 14000 y FACT-JACIE, y que sea además auditado periódicamente, en nuestro caso por agencias como ACSA, el Comité de Acreditación en Transfusión, algunos proveedores/centros suministrados, etc. El resultado en un centro de estas características de un sistema de gestión de la calidad es una alta seguridad de los componentes que se producen, pero también una mayor implicación en el proceso de todos sus trabajadores”.

Antonio Fernández Montoya

“Es verdad que la Norma ISO (un conjunto normativo amplísimo de estandarización) está orientada hacia la “calidad” y la “satisfacción del cliente”, y que, en cierto modo, funciona bien en los procesos discretos implicados en la producción de mercancías, y en otros procesos objetivos de los servicios. Pero no lo es menos que, tratándose de relaciones humanas, el excesivo esquematismo y cientificismo inherente a estas normas reduce peligrosamente los márgenes de libertad de los individuos.

Por otra parte la tendencia a sustituir toda dirección social o institucional por el management -solidario con estas normas- convierte a los ciudadanos en simples consumidores, y en clientes de una empresa ideológica global. Tan global como superficial.

A la base de esta lógica normativa positivista se halla un lenguaje también estandarizado y normalizado, que hipostasia el dictamen “científico” a toda relación y a todo control humano. Es la llamada “ciencia cognitiva”, nacida en los años 50 de la fusión de la teoría de la información y la psicología americana, y que aporta su horizonte conceptual. Un discurso experto, que acuña -en nombre de la ciencia- los nuevos significantes que seleccionan, distribuyen, ordenan y aglutinan o disgregan a los sujetos en los nuevos espacios corporativos. Una lengua que comienza a hablarse en todos los ámbitos, en nombre de un nuevo y penoso sentido común. Competencias, habilidades, satisfacción del cliente, procesos, autoestima, y un largo etc. forman parte de la nueva jerga franca”.

Sergio Hinojosa

Presenta la actividad: Sergio Hinojosa

Fecha: Lunes, 5 de mayo, a las 20:00

Lugar: Biblioteca de andalucia

Organiza: Ateneo de Granada