El llamado proceso soberanista, entendido como la pretensión de alcanzar la secesión de Cataluña del resto de España, bien de forma unilateral o forzando la celebración de un referéndum de autodeterminación, fracasó tras los graves acontecimientos políticos, económicos, sociales y judiciales vividos entre septiembre y octubre de 2017. La celebración del referéndum ilegal del 1-O no condujo a un escenario de negociación y mediación internacional, como creían los dirigentes separatistas, y a la Declaración Unilateral de Independencia finalmente efectuada por el Parlamento de Cataluña, le siguió la anunciada aplicación del art. 155 de la Constitución, la destitución de todo el Govern y la intervención de la Generalitat por parte del Gobierno español. Ciertamente, el fiasco de unilateralidad no ha desactivado la fuerza del independentismo en las urnas ni en la calle, pero lo sitúa forzosamente en otra etapa que todavía está por definir. Es en este sentido que proponemos la anatomía del procés.
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