El demócrata perplejo

22 nov web

Impresiones de un constituyente cuarenta años después

En 1945 tras la amarga experiencia de entreguerras y el remate de una segunda guerra, los europeos recuperaban la democracia. Tres décadas más tarde, los españoles enfilaban con tiento el camino hacia aquella tras una larga posguerra en dictadura. Unos y otros demostraron determinación para no repetir “nunca más” los errores del pasado. Habían aprendido algunas lecciones: que los males del siglo XX provenían del triunfo de los extremismos que fomentaban una concepción de la política como un campo de antagonismos y enfrentamientos insuperables. Adoptaron como criterio irrebasable para la convivencia que la conexión entre Estado de Derecho y democracia es inescindible. Sólo en el marco de una comunidad política constituida en Estado de Derecho, los principios de justicia inherentes a la democracia gozan de la protección más valiosa; y los derechos y libertades obtienen la garantía más fiable de su cumplimiento. Libres gracias a las leyes y no contra ellas. Cualquier iniciativa política que en una democracia pretenda trascender los márgenes de los procedimientos constitucionales sólo es fuente de arbitrariedad, incompatible con el pluralismo y fuente de violencia. La disposición de la lealtad institucional a “la ley común” ha originado paz civil, derechos y libertades, concertación y justicia social.

La vuelta reciente del populismo en toda Europa y las aventuras separatistas indican que algunos han olvidado esas lecciones; o bien nos las aprendieron nunca. En España, el régimen de democracia constitucional que nos dimos hace ahora cuarenta años se encuentra amenazado de quiebra, principalmente por los embates de sus enemigos; pero también, por la desidia e irresponsabilidad de quienes han tenido y tienen la obligación de detectar las deficiencias producidas, reconocer los errores cometidos y prevenir los peligros que amenazaban su estabilidad. De ahí que un demócrata consecuente, consciente de todas estas circunstancias, se sienta desconcertado; y perplejo. Sabe lo que se necesita pero también que no está a mano el lograrlo; sabe adonde quiere ir pero duda y mucho de que cualquiera de las vías disponibles le aproximen a su destino.

Ramón Vargas Machuca

Catedrático de Filosofía Moral y Política en la UCA
Fue diputado constituyente
Investigador en la Universidad de Yale (USA) y en el Instituto Europeo de Florencia
Libros: La Utopía Nacional. Premio Ensayo Espasa 1999
La buena democracia (Editorial Universidad de Granada, 2012)
El poder moral de la razón (Tecnos 1982)
Es miembro de la Orden al Mérito Constitucional

Ponente: Ramón Vargas Machuca

Presenta y coordina: Miguel Jerez Mir

Lugar: Biblioteca Provincial de Andalucía. Aula 1

Fecha: Jueves, 22 de noviembre, 19,30 h